Catastro/2006

La obra fue realizada para Galería Bech y exhibida durante junio de 2008. Mediante imágenes registradas en el incendio del año 2004 en casa de la artista y la grabación del llamado de bomberos, se constituye la obra. Catastro se encuentra dentro del imaginario colectivo en el acto de fotografiar. La fotografía digital nos ha llevado de alguna forma a “desprofesionalizar” el oficio. Si bien ya mucho antes cámaras desechables y automáticas nos ayudaban a registrar todo momento, la irrupción de la fotografía digital ha hecho que el oficio se masifique, y más que eso, que el resultado sea de calidad, instantáneo y manipulable. El proyecto de obra contiene dos momentos: una instalación de video y una serie fotográfica. La primera consiste en la imagen de un álbum fotográfico que da vueltas sus páginas por sí solo. Esta imagen es proyectada sobre una fotografía del detalle de la contraportada del álbum. La instalación de video montada en el muro norte de la galería.

El Audio del video contiene la comunicación radial del despacho encontrado en el registro de la página web: http://www.bomba18.cl/18/fuegomayo16.htm la 18º Compañía de Vitacura del Cuerpo de bomberos de Santiago de Chile, el domingo 16 de mayo del 2004. Las imágenes fotográficas corresponden a una serie de 7 fotomontajes realizados a partir del registro de los restos del incendio de una de las casas para el catastro del siniestro, sobre imágenes del soporte interior de un viejo álbum fotográfico familiar. La serie será montada sobre los muros oriente y poniente de la galería. Los referentes trabajados: imágenes y audio del siniestro, corresponden a los registros realizados en la casa de la artista, donde el álbum fue el único elemento fotográfico familiar recuperado.

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En Catastro Saiz ha dado un giro en su revisión, transitando desde el universo de lo infantil hacia una experiencia reciente. Por su parte, aunque el título enuncia un recuento que distancia, que intenta neutralizar la emoción (al “catastrar los recuerdos biográficos”), la obra no hace sino develar esas imágenes que, de otro modo, “quedarían escondidas para siempre”, dando cuenta, a su vez, de otro tránsito: al develarlas como imágenes exorcizadas en “obra”, traslada al ámbito del arte aquellas fotografías que no sólo han sido tomadas con una función otra, sino que eluden cualquier identificación autoral. En Catastro, la materia prima utilizada para desarrollar la obra se encuentra en una serie de fotografías que esta vez registran las huellas de aquel incendio del año 2004. Nuevamente estas fotos son tomadas por terceros, y en este tic de develar/ocultar la intimidad, la artista exhibe su propio “álbum familiar” de los recuerdos de una tragedia. Aunque estas fotos inicialmente son tomadas con un fin extremadamente práctico (el registro exigido por la compañía de seguros), tras un largo período de sepultamiento reaparecen para instalar una pregunta por el propio incidente traumático devenido obra. Aunque Catastro plantea como punto de partida una pregunta por la fotografía (la pregunta que plantea Angie Saiz en su propuesta de trabajo a galería BECH respecto a qué es la fotografía hoy y para qué fotografiamos), ésta rápidamente se trastoca.

Fragmento texto “Tomar distancia” de Soledad Novoa